martes, 13 de diciembre de 2016

CUANDO CRISTO NACE EN EL CORAZÓN

Dice la Palabra de Dios: “Cuando un espíritu impuro sale de un hombre, anda por lugares secos buscando descanso; pero, al no encontrarlo, piensa: volveré a mi casa de donde salí. Cuando regresa, encuentra a ese hombre como una casa barrida y arreglada. Entonces va y reúne a otros siete espíritus peores que él, y todos juntos se meten a vivir en aquel hombre que, al final, queda peor que al principio” (Lc. 11, 24-26).





El propio Jesucristo nos advierte que si le hemos dejado nacer en nuestro corazón, no podemos abandonarle nuevamente, sin riesgo grave para nosotros mismos.

Javier Echevarría nos recuerda que el pecado nos degrada como personas por su condición de acto contra nuestra verdad, contra lo que verdaderamente somos y estamos llamados a ser. Todo pecado hiere al hombre, y vale la pena desandar ese camino y enderezar lo que estaba torcido. Esta es la penitencia que debemos hacer, y así purificarnos. ¡Hay tantos hombres arrepentidos de un pasado en el que hicieron mucho daño por haber actuado sin Dios! Se han encontrado con Él, y desean ardientemente empezar de nuevo, piden perdón sinceramente, pero sus esposas, y algunas veces sus propios hijos, no quieren perdonar ya. “Demasiado tarde”, les dicen.

Me pregunto qué pasaría si estas mujeres aceptaran encontrarse con Cristo también y escucharan, alto y claro, que Él se regocija en la reconciliación y la unidad. Pero nuestros días son testigos de la agonía del amor. Ahí está, pero no queremos amar. Amar es creer que podemos ser nuevos; amar es vencer los miedos para sentirnos fuertes y luchar una y mil veces; amar es mirar a Cristo y creer que todo es posible; amar es renunciar a los pensamientos catastróficos y elegir libremente el optimismo realista de Dios. Los pronósticos humanos denotan una especie de pesimismo que parece inspirado desde el infierno.

Este optimismo realista se refiere a que en nuestro corazón se alberga vivamente la esperanza de ser mejores -tanto nosotros como las personas y circunstancias que nos rodean-, y en nuestra mente está la convicción de trabajar por superar, no sin esfuerzo, desde luego, nuestros lastres. Es cierto que no podemos cambiar como por arte de magia, pero si en verdad Cristo nace en nuestro corazón, apreciaremos el milagro de una nueva actitud. ¡Una nueva mirada para todo!






Lupita Venegas

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