martes, 13 de diciembre de 2016

OLVIDEN LOS RESENTIMIENTOS

Se acerca la época navideña y, aunque estas fechas deberían ser de caridad hacia los otros, muchas veces tenemos que enfrentar a conocidos o familiares que nunca nos han mostrado aprecio o respeto. Por otro lado, es difícil adoptar el espíritu de alegría y fraternidad cuando somos víctimas de la injusticia que otros ejercen contra nosotros.




 A veces nos sucede lo que a los caminantes de Emaús: estamos tan desilusionados y nos ensimismamos tanto en nuestras penas, que no nos damos cuenta de que Jesús está a nuestro lado. Cleofás, uno de aquellos caminantes, demostraba su frustración al hablar de lo que ellos esperaban y de lo diferente que había sido la realidad.
Se quejaba y había amargura en su corazón, pues no le gustaba lo que vivía. Entonces, Jesús empezó a explicarles las maravillas que se habían obrado, aunque los ojos del mundo no pudieran vislumbrarlas
 A muchos de nosotros nos toca enfrentar injusticias; pero, créeme, aunque no entendamos a primera vista, Dios está obrando un perfecto Plan de Salvación para cada uno de nosotros. “Cuando Dios te talle y sientas dolor, no temas. Alégrate, Él está haciendo de ti un diamante. Dios no talla vidrio, sólo piedras preciosas”.
Si quieres responder a este llamado divino y convertirte en ese ser precioso, has de empezar por una nueva actitud que te permita contar tus bendiciones y tornar tu corazón resentido en uno agradecido.
Te comparto algunas claves para conseguirlo:
1.      Toma conciencia de que Cristo camina a tu lado. Lee y escucha su Palabra; medítala en tu corazón y pídele que aumente tu Fe.
2.      Mira tú presente y tu pasado como un don. Repasa en tu mente todas las cosas bellas que rodean tu existencia y céntrate en ellas, de tal modo que nazca la decisión definitiva de empezar una vida en ascenso.
3.      Quita las malas intenciones de tus familiares y de aquéllos que hasta hoy has considerado tus enemigos. Reconoce que ellos actúan de acuerdo a su forma de ver las cosas y no quieren expresamente tu mal; a veces es todo lo contrario, buscan hacerte un bien (tal vez han errado en sus métodos y formas por desconocimiento, ignorancia o terquedad)
4.      Ya no preguntes más “¿Por qué?” y resuelve encontrar las respuestas al “¿Para qué?” Recuerda aquel principio de crecimiento espiritual que sentencia: “Cuando Dios te da, es porque te quiere pedir. Cuando Dios te pide, ¡es porque te quiere dar!”

¡Vive una Navidad auténtica! Si estás dispuesta a dejar que Cristo nazca en tu corazón, olvida los resentimientos y abraza a quien más trabajo te cuesta abrazar; pide del Cielo la capacidad de “amar hasta que duela” y has sonar música al oído de quién te ha costado tanto trabajo tratar, diciéndole: ¡Te quiero!






Lupita Venegas

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